La cuna de las primeras civilizaciones urbanas fue la Mesopotamia, en la zona del Creciente Fértil., Las primeras ciudades datan del 4000AC al 7000AC. La ciudad, expresión multifuncional en la que viven algunas sociedades, ha dado lugar a las civilizaciones, es decir, la civilización es la expresión cultural de sociedades altamente determinadas por una ciudad. Las primeras ciudades coexistieron durante siglos con culturas nómades de cazadores y pastores, y también con pequeñas aldeas pre-urbanas dedicadas a la agricultura. Aun hoy esta coexistencia subsiste en muchos lugares del planeta. La Revolución Urbana, término acuñado por Gordon Childe, es un largo periodo de cambios que este autor relaciona con una nueva etapa económica en la evolución de la sociedad. La nueva estructura económica fue posible gracias a la generación de excedentes de producción, que a partir de la Revolución Neolítica, era recogida cada año y podía ser almacenada. Además del cambio mencionado en la economía, se considera la aparición de la escritura, alrededor del 3400 AC, como determinante del origen de la civilización. La escritura posibilita la creación de sistemas administrativos, legales, posibilita el desarrollo de pensamiento complejo, tales como las matemáticas, astronomía, etc. Es así como en las primeras ciudades se pueden encontrar los comienzos del alfabeto, una tecnología rudimentaria, una religión establecida y organización de leyes de algún tipo. La ciudad se constituye en el poder cohesionador de un territorio circundante del cual depende para alimentarse y para extraer materiales. En estos territorios aledaños se promueven nuevas técnicas de cultivo, nuevos sistemas de regadío que hacen crecer el excedente agrícola, generando centros de intercambio sobre los cuales se origina el comercio. Desde el principio, la ciudad fue sede de la autoridad espiritual y política. Esta autoridad fue acrecentando su poder, incluyendo lo económico y lo militar La religión (sacerdotes), la política (reyes, ministros, faraones), la economía (escribas, comerciantes, artesanos, agricultores, esclavos, etc.), la actividad militar (jefes, guerreros), van dando cuenta de una diversidad de actividades que da lugar a una división del trabajo y roles. El creciente nivel de bienestar de la población hace que la misma vaya aumentando en número, en un proceso sostenido desde la Revolución Neolítica. Otro rasgo de evolución lo constituye el desarrollo técnico. La división del trabajo, la especialización, el intercambio de conocimientos permitió el desarrollo tecnológico que acrecentó el desarrollo y propagación de las ciudades. La organización social que permitió el manejo del excedente agrícola, la organización de las fuerzas de trabajo destinado al cultivo y la construcción de ciudades solo pudo ser posible por la existencia de especialistas en distintas tareas, dirigidas por una elite gobernante. En estas primeras civilizaciones, su desarrollo dependerá de la capacidad cada vez mayor del hombre de usar y controlar la naturaleza. Las primeras ciudades se asientan en las tierras a lo largo de los valles fértiles de grandes ríos. En otros lugares del mundo, que reunían condiciones similares a las del creciente fértil, también se desarrollaron aldeas agrícolas, en la zona del Indo, el río Amarillo, y otras. Todas estas civilizaciones se desarrollan en base a una nueva agricultura, que utilizaba la irrigación sistemática y el arado. Todas construyeron grandes monumentos de arcilla cocida o sin cocer. A lo largo de los siglos estas prácticas generaron problemas ambientales como la desertificación producida por la salinización del agua en los canales de riego, que termino inutilizando las tierras de cultivo. También la extracción de las capas de tierra y arcilla para los adobes, acentuó este problema ambiental. En el caso del Valle del Indo, en el que se usaba ladrillo cocido, se produjo una excesiva deforestación de bosques utilizados como combustible, lo que aceleró los procesos de erosión. La vida en el Indo fue mucho más breve que en los valles del Nilo y Mesopotamia. Hacia el 1800 a.C las crecidas en el río eran incontrolables, los grandes depósitos de lodo en el valle aceleraron la destrucción de estas grandes ciudades. En el caso de Egipto, no se utilizaron canales de riego ya que el régimen regular de las crecidas del Nilo era adecuado para los cultivos. Tampoco se utilizó la tierra en la construcción de edificios monumentales, sino la piedra. Esto modos distintos de utilización de los recursos permitió que Egipto mantuviera sus excedentes de cultivos durante varios siglos. Egipto fue un gran abastecedor de excedentes durante el periodo del imperio romano.
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